En 1534, la capitanía de Pernambuco fue donada a
Duarte
Coelho Pereira, que fundó Recife y Olinda, e
inició el cultivo de la caña de azúcar, que tendría un
importante papel en la historia económica del país.
Entre 1630
y 1654,
quedó bajo el dominio holandés, pasando por importantes transformaciones
culturales, económicas e sociales en gobierno del conde Juan
Mauricio de Nassau-Siegen. Al final, Portugal consiguió expulsar a
los holandeses. El sentimiento nativista y autonomista, consecuente de
la expulsión de los holandeses, acabó provocando la Guerra de los Mascates (entre Olinda y Recife), en
1711.
A partir de ese momento y con la decadencia de la producción
azucarera, la región entró en declive. En el siglo XIX, Pernambuco fue
escenario de una serie de revueltas separatistas, verificadas en 1811 (Conspiración
de los Suaçunas), 1817 (Revolución Pernambucana), 1825 (Confederación del Ecuador) y 1848 (Revolución
Playera).